Elecciones municipales y programación didáctica

Empieza la campaña electoral, o la precampaña, que para el caso es lo mismo, y las calles de nuestros pueblos y ciudades (qué buena coletilla) se llenan de octavillas, carteles, trípticos, repletos de programas, lemas y otros mensajes escritos. Como queremos que nuestros estudiantes se integren en la vida de este país, pensamos que sería una buena idea llevar ese material vivo a clase. Pero para nuestra sorpresa, el aprendiz de español como lengua extranjera no aprovecha la oportunidad. Coge el folleto, lo mira, lo remira, bizquea, se pone blanco, empieza a resollar y acaba por dejar caer el papel con las lágrimas a punto de caramelo. Son los síntomas clasicos de lo que en medicina se conoce como Síndrome del Lector de Programas Políticos (PPRS en sus siglas inglesas), enfermedad a la que sólo son inmunes los más avezados en mercadotecnia electoral. Consiste este mal principalmente en una incapacidad casi genética para entender lo que nuestros políticos piensan que nos están trasmitiendo. Claro que la culpa no es de su forma de escribir, no. Los retruécanos, el hipérbaton, la vaciedad, el baile de mayúscula, la puntuación bailarina, la prosopopeya, no son más que artificios literarios. Somos nosotros, y nuestros estudiantes, los que no decodificamos bien. Habrá que pasar por la consulta del doctor antes del 27 de mayo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Francisco:

A pesar del PPRS al que haces alusión, nuestros estudiantes deberían tomar conciencia de la obligación cívica de votar. ¿Recuerdas lo que pasó en Francia en 2002, con Jacques Chirac y Jean-Marie Lepen como candidatos a la presidencia de la República? Te puedo asegurar que, en cierta medida, el índice de participación en estas elecciones presidenciales ha sido tan elevado por la toma de conciencia de la obligación cívica de votar.

El domingo próximo se decidirá quién será el próximo presidente de la República Francesa, o Nicolas Sarkozy o Ségolène Royal. Estimo que es una obligación docente el decir a nuestros alumnos es que "cojan los folletos, los miren, los remiren, bizqueen, se pongan blancos, empiecen a resollar y acaben por dejar caer el papel con las lágrimas a punto de caramelo" pensando en lo que podría ser su futuro en función del candidato que voten. Ignoti nulla cupido.

Yo creo, además, que los programas políticos constan de un 80% de improperios y rabietas pueriles hacia la oposición y de un 20% de verdadero programa electoral.

Me acuerdo del post que dejaste hace ya tiempo sobre el uso de la literatura en clase; me gustaría dejar constancia de una de las (¿pocas?) ventajas de trabajar con textos auténticos —entre los cuales se hayan los literarios y periodísticos de opinión— en la enseñanza de idiomas: permiten desarrollar en el alumno estrategias para la leer entre líneas y hacer de él un lector autónomo vertebrado...

Un saludo desde Poitiers (Francia)
Chema