Clases al sol

Tengo la suerte de trabajar en un edificio con una infraestructura estupenda. Disponemos de un jardín desde el que se puede divisar uno de los paisajes más bonitos de la zona. Este es el aspecto positivo, pero, aunque no lo creáis, también tiene su parte negativa. Desde que aparecen los primeros rayos de sol de la primavera, los estudiantes me piden, por favor, que tengamos la clase en el jardín. Yo, como profesor complaciente, acepto la propuesta. No hay que olvidar que lo que un estudiantes del norte de Europa considera verano, no es lo mismo para un español. Es curioso ver cómo mi clase cada mañana se abriga para exponerse al sol de lo que ellos llaman verano. La idea en sí es muy romántica y bucólica. Ellos disfrutan del sol de España, mientras el profesor, el pobre españolito para el que el verano es julio y agosto, se muere de frío por complacerles. En fin ¡todos sea por ellos!

Diego Ceballos

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